El divorcio perfecto (II)

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Son las 8:30 de la tarde, la puerta de casa se abre, es María con los niños.

Pepe sigue en el sofá, ni se ha movido desde que colgó a «Carla». Durante hora y media ha estado cociéndose en su cabeza algo inimaginable cuyas consecuencias pueden ser terribles, es, literalmente un volcán en erupción.

A partir de aquí, los actos de Pepe pueden convertir un tema civil en un tema penal, la frontera es tan ténue que casi ni se ve.

Infidelidad, traición, cornudo, son palabras que rebotan una y otra vez en la cabeza de Pepe.

Son las 22:00 horas, los niños se van a la cama. La tormenta está a punto de comenzar.

Pepe y María están en el salón, ella le nota raro, hasta que de sus palabras sale la fatídica pregunta ¿Quién es Carla?

A partir de ahora, todo irá a peor. La discusión irá en aumento y los silencios soterrados durante años por el bien de los hijos empiezan a salir a borbotones, uno detrás de otro, sin miramiento, sin respeto, la realidad de la pareja, la verdadera realidad se planta ante ellos, dejando de lado las falsas apariencias que frente a terceros mantenían ambos; todo era una burda mentira.

Son las 7:00 de la mañana, ambos despiertos, los ojos como búhos, uno en el salón y otro en la alcoba. 

Pepe y María ya no pueden hablar, no hay comunicación posible, solo reproches, golpes bajos y recuerdos malsanos. 

Mantener el tipo con sus hijos es casi misión imposible.

Abogados equivocados

El conflicto en la pareja provoca cambios psíquicos y físicos. Ninguno de los dos puede concentrarse en el trabajo, su rendimiento se resiente. Ambos van perdiendo peso, y más que van a perder.

María decide abrirse a su entorno de amistades a pesar del consejo de su padre (» No cuentes tus penas, los buitres se abalanzan sobre los animales heridos»).

Pepe hace lo mismo con los suyos.

La consecuencia de sendos actos es la siguiente, echar más leña al fuego, «ya te lo dije…», «sácale todo lo que puedas», «lo que tienes que hacer es retirar el dinero del banco», «vete de casa o te denunciará por maltrato».

Pepe y María cada vez se encuentran más perdidos, no saben como afrontar su separación, han visitado foros, leído en internet y cada vez son más las dudas que tienen.

Dentro del caos, una pregunta resurge entre la ciénaga que se ha formado en pocos días, «¿porqué no acudís a un abogado matrimonialista?» La pregunta la formula la madre de María, quien a continuación dice, «¿a quién acudes cuando no funciona el coche? Al mecánico, y cuando te duele algo? Al médico. No creo que vuestros amigos vayan a solucionar nada, más bien al contrario».

María responde, «los abogados son muy caros, mamá». «No lo sé, nunca fuí a ninguno, solo se que tenéis un problema«, respondió la madre.

«Por cierto, el móvil que te vas a comprar, cuánto costaba?»- pregunta la madre,

«800 € mama», 

¿Porqué es tan caro?

«Es un móvil muy bueno»

«Entiendo, pues…, procura que el abogado no sea muy barato.»- añade la madre.

El abogado de familia

María busca y busca por internet un abogado de familia, hay muchos, no sabe cuál elegir. Al fin, decide llamar a uno pero lo deshecha, no le da confianza.

Sigue con la tarea hasta dar con uno con el que tiene un buen feeling por teléfono, no es una secretaria, parece que sabe de lo que habla, se le nota la experiencia. Queda con él en su despacho, pues un asunto de tal envergadura no puede solvertarse ni por teléfono ni por correo electrónico.

María le cuenta la situación, a su manera, con sus palabras, desde su punto de vista.

El letrado, rápidamente descarta el divorcio notarial, es inviable en su caso, pues hay hijos menores y, por tanto debe tratarse en un juzgado de familia.

Solo hay una duda inicial, afrontarlo como un divorcio de mutuo acuerdo o entablar una demanda de divorcio contencioso

Pero a esa duda inicial María responde con otras muchas:

  1. ¿Quién se quedará con la custodia de sus hijos?
  2. ¿Para quién será la patria potestad?
  3. ¿Qué pensión de alimentos les va a pasar su padre?
  4. ¿Quién se quedará con la vivienda?
  5. ¿Qué pasa si el Pepe se va de casa?
  6. ¿Qué hacen con los bienes que tienen en común?
  7. ¿Le tiene que pasar su marido una pensión compensatoria a ella?
  8. ¿Qué pasa con la hipoteca y las deudas?
  9. ¿Tendrán que ir los niños al Juzgado?
  10. Tiene miedo de su marido ¿ y si le da por vengarse?

Por último, la gran pregunta, ¿cuánto me va a costar el divorcio?

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